Cada octubre, su nombre ocupa carteles, conversaciones y programas. San Lucas preside la gran feria jiennense y su festividad, el 18 de octubre, marca una fecha reconocible para varias generaciones.
Esa presencia explica una confusión frecuente: identificar al evangelista como patrón de Jaén. La importancia de una celebración, sin embargo, no determina por sí misma un patronazgo.
Las referencias devocionales de la ciudad corresponden a Santa Catalina de Alejandría y a la Virgen de la Capilla.
Sus celebraciones pertenecen a momentos distintos del año y a tradiciones con una fuerte vinculación local. Distinguirlas de San Lucas permite comprender mejor un calendario donde conviven fiesta, memoria histórica y práctica religiosa.
Santa Catalina está asociada al cerro, al castillo y a la identidad histórica de Jaén. La Virgen de la Capilla concentra una devoción especialmente vinculada a San Ildefonso.
El relato de su Descenso, situado por la tradición en 1430, forma parte del patrimonio religioso y cultural jiennense. Contarlo exige identificarlo como tradición de fe, sin presentar un acontecimiento sobrenatural como hecho histórico demostrado.
También conviene diferenciar ciudad y diócesis. San Eufrasio ocupa el patronazgo diocesano, una realidad eclesiástica que no equivale al calendario municipal.
La superposición de advocaciones explica parte de los equívocos, especialmente cuando una fiesta popular alcanza una visibilidad superior a otras celebraciones.
¿Quién es, entonces, el santo que da nombre a la feria?
La tradición cristiana identifica a Lucas como autor de un evangelio y de los Hechos de los Apóstoles. Su vinculación con la medicina y las artes aparece en su recepción religiosa e iconográfica.
La condición de pintor y los retratos marianos que se le atribuyen pertenecen al terreno de la tradición, no a una autoría artística acreditada.
Su nombre llegó a integrarse en una historia festiva local con raíces comerciales y cambios de calendario.
La feria creció alrededor de octubre hasta adquirir una presencia que terminó por desbordar el significado estrictamente religioso de la fecha.
Reconocer esa diferencia no resta valor a San Lucas. Al contrario: permite entender que Jaén sostiene varias maneras de celebrar y de recordar. Una ciudad puede tener una feria mayor dedicada a un santo sin convertirlo en su patrón.
El matiz importa porque el patrimonio también se conserva al nombrarlo con precisión. Entre las casetas de octubre, la devoción de junio y la subida al cerro en noviembre se despliega un calendario plural.
Cada celebración cuenta una parte de Jaén; ninguna necesita borrar a las demás.
Redacción JAENEA360



