Revista CulturalOctubre 2026
JAÉN EN LA HISTORIA

Ricardo Wall en Jaén

La visita de Ricardo Wall a Jaén en 1763 enlaza la historia de la ciudad con la España ilustrada. José Manuel Marchal recupera este episodio a través de la mirada del deán Mazas.

Ricardo Wall

Se ha dicho, como lugar común, que la Ilustración no tuvo grandes implicaciones culturales en el antiguo reino de Jaén. Es cierto que a nivel artístico se dependió férreamente de la Academia de San Fernando y de sus directrices. Y que Ventura Rodríguez impuso su estilema inamovible, ¿original?, en nuestra arquitectura. Pero sí que hubo una notable Ilustración cultural que tiene al deán don José Martínez de Mazas (1731-1805) como figura más importante. Gracias a él Jaén fue ilustrada.

Martínez de Mazas llegó a Jaén en 1763 procedente de su tierra natal de Santander, donde era ya capitular. Se había graduado en la Universidad de Alcalá, donde había sido colegial mayor de San Ildefonso, la gran escuela universitaria donde se formaban los principales cuadros dirigentes de la Iglesia y de la Monarquía. Estuvo a un paso del episcopado.

Mazas participaba de la Ilustración católica desde su juventud. Muy aficionado a los libros, gran lector y seguidor del padre Benito Jerónimo Feijoo, recaló en Jaén de buena gana y asentó en ella su casa y su futuro. Además de sacerdote, de vocación auténtica, ejerció como historiador. Sabemos que en su biblioteca había muchos libros de historia y a las antigüedades arqueológicas dedicó mucho de su tiempo en nuestra tierra. Es el padre de las excavaciones arqueológicas en Cástulo (Linares), por ejemplo.

De esa investigación, y de su participación en la fundación de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Jaén, dio a la imprenta su obra más conocida: el Retrato al natural de la ciudad de Jaén, que vio la luz en la imprenta de Pedro de Doblas en 1794. Un libro erudito y divulgativo, que somete a juicio crítico los mitos históricos y que sienta las bases de la moderna historiografía giennense.

No lo firmó. Ningún ejemplar de la primera edición lleva su nombre en parte alguna. Quiso que fuera anónima. Humildad y decidida ejemplaridad pública. Como buen ilustrado católico, quiso que la obra tuviera un uso pedagógico, y que sirviera de manual para un renacimiento social y económico de Jaén. Lo mandó firmar como: «Por un individuo de la Sociedad Patriótica de la dicha Ciudad, que le dedica al mismo Cuerpo».

Y la Catedral de Jaén. El templo fue de la mayor admiración para Mazas. A su historia constructiva dedicó las páginas más jugosas de su Retrato. Fue muy consciente de los valores sobrenaturales que la obra recoge. Piedras bellas y piedras vivas.

Mazas recoge un testimonio extraordinario que ha pasado un poco inadvertido a los historiadores, y que pone a la Catedral de Jaén en el centro de la reflexión de los ilustrados. Ocurrió el 8 de noviembre de 1763.

La fecha la da don Federico de Palma y Camacho en su libro Noticias del Santo Rostro (Jaén, 1887), página 200, dando noticia de ilustres visitantes a los que el Cabildo mostraba el Santo Rostro: «1763. 8 de noviembre. Al Sr. D. Ricardo Uball, teniente general de los reales ejércitos que ha venido a Jaén con este solo motivo».

Nos cuenta Mazas: «Me acuerdo que acompañando una vez al Excmo. Señor D. Ricardo Wal, Ministro de Estado que había sido del Señor don Carlos III, le vi por un gran rato parado, y admirando cómo sobre cuatro pilares formados cada uno de cuatro columnas corintias medio demostradas, y anchadas en el pilastrón de en medio, que o son más gruesas que las demás de la Iglesia, se sostiene los cuatro ángulos principales del crucero, que descansa toda la mole del cimborrio, y linterna de piedra, exclamó diciendo: —¡Oh, qué columnas tan atrevidas! (…)» (Martínez de Mazas, José: Retrato al natural de la ciudad y término de Jaén, p. 204).

Don Ricardo Wall y Devreaux (1694-1777) fue un militar y político que ocupó la más alta magistratura de la Monarquía durante los reinados de Fernando VI y Carlos III. Este último le dio licencia para retirarse a Granada en 1763 tras una notable carrera al servicio de la dinastía borbónica. Y en Granada murió el 26 de diciembre de 1777 en su estado del Real Sitio del Soto de Roma, que el rey le había entregado para retirarse y realizar en él mejoras y reformas ilustradas.

Wall fue el artífice de la política pacífica y neutral del reinado de Fernando VI. Encaminada a conseguir un crecimiento económico y social de la Monarquía, desde postulados reformistas, enmarcados dentro de la corriente política conocida como «despotismo ilustrado». La firma del Tratado de París de 1763 (10 de febrero), por el que Carlos III adquiría un compromiso beligerante en el escenario internacional, tras la acción invasora británica en Manila y La Habana de 1762, le hizo abandonar el poder y solicitar al rey su retiro.

La renuncia formal tuvo lugar en La Granja de San Ildefonso el 14 de octubre de 1763, y desde allí se puso en camino hacia el reino de Granada, para preparar su retiro. Parada obligada para todos los grandes hombres de Estado y de la Iglesia en su camino por Andalucía era la ciudad de Jaén y la sagrada reliquia.

Don Ricardo pudo ver el Santo Rostro el 8 de noviembre, y en su condición de militar (teniente general) pudo orar ante la sagrada imagen por acuerdo del Cabildo catedralicio.

Una curiosidad. Martínez de Mazas aún no había accedido oficialmente como canónigo al cabildo giennense, lo que se produciría tras el edicto para la provisión del oficio de penitenciario, el 3 de julio de 1764.

En expectativa de alguna vacante en el Cabildo, don José debía vivir en Jaén ya en 1763, seguramente auspiciado por el obispo de Jaén fray Benito Marín (1694-1769), que había presidido la Junta de la Única Contribución hasta 1754, y en la que había tratado a Wall.

Martínez de Mazas, hombre encantador y elocuente, en opinión de sus biógrafos, debió de acompañar a Wall en su recorrido por la Catedral, dándole detalles y noticia de cada uno de los elementos singulares de la seo.

Dos grandes hombres de la Ilustración española unidos bajo las esbeltas y hermosas bóvedas de la Catedral de Jaén.

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