Jerónimo Quijano (atribución): El Cristo del Corpus, ca. 1526. Iglesia parroquial de Santa María Magdalena.
“Todo buen hijo de Jaén, o por piadoso o por enamorado del arte, conoce la admirable Crucifixión de la iglesia de la Magdalena”, afirmaba Alfredo Cazabán, hace cien años, del grupo del Cristo del Corpus. Fechado hacia 1525, es una obra maestra de la escultura renacentista jienense, al que en siglos pasados rendía culto una extinta cofradía sacramental. El conjunto sintetiza magistralmente la tradición plástica medievalizante de gusto flamenco con las novedades estéticas procedentes de Italia. Se atribuye a Jerónimo Quijano, escultor y arquitecto llegado atraído a Jaén por la ejecución de la sillería del coro de la catedral, y que es uno de los más destacados introductores de las formas renacentistas en el sureste español.
El centro lo ocupa Cristo crucificado, de formas clasicistas y rostro agónico que evoca al Laocoonte; la decoración caligráfica de inspiración árabe en las franjas de su paño de pureza evidencia el peso de la cultura mudéjar en nuestro primer Renacimiento. Marca un eje de simetría en torno al que se desarrolla el drama del Calvario, con un didáctico contraste entre la compasión y la fiereza. Así, vemos por un lado a las santas mujeres y a san Juan Evangelista, en actitud doliente y rodeando a la Virgen, desmayada de dolor como la representaron los primitivos flamencos –recordemos el Descendimiento de Van der Weyden– que seguían el relato de los emotivos textos de meditación bajomedievales: “yazia sobre la tierra como muerta, à causa de los dolores, penas, y tristezas, que sin algun alivio se aumentavan en ella”. Un grupo en el que no faltan rostros y poses que evocan a Rafael.
Al otro lado, la soldadesca, con furiosas y groseras facciones que participan del mismo realismo grotesco que vemos en El Bosco y en las caricaturas de Leonardo da Vinci. Solamente escapa a esta zafia caracterización el soldado lancero –probablemente Longinos, convertido tras traspasar el pecho de Cristo–, cuya melancólica y heroica figuración se ha comparado repetidamente con la del San Jorge de Donatello. Arrodillada a los pies de la cruz, como imagen del arrepentimiento, la Magdalena.