Hoy, jueves, sobre las cuatro de la tarde, un paseo por la Alameda con mi perro, terminó convirtiéndose en una conversación sobre la sanidad pública, la vejez y el respeto que merece el tiempo de las personas.
Varios vecinos de más de ochenta años preguntaron si quien paseaba vivía en San Ildefonso. Enseguida explicaron su desconcierto: habían sido citados a las 16:00 en el Centro de Salud de La Alameda y, según contaban, no habían podido ser atendidos. Luego llegaron otros vecinos con la misma preocupación.
Uno de ellos, Jesús, había tenido que contratar a alguien para cuidar de su mujer. También había renunciado a acompañar a su hijo a un acontecimiento importante. Todo para acudir a una consulta que, según su testimonio, no llegó a celebrarse.
La tecnología todavía no sabe avisar
¿Tan complicado es avisar de una suspensión de consulta? ¿Tan difícil es una llamada, un mensaje o una reprogramación? Vivimos rodeados de aplicaciones, automatización e inteligencia artificial, pero al parecer todavía no dominamos la tecnología necesaria para evitar que una persona de ochenta años haga un desplazamiento inútil. Quizá estemos esperando a la próxima convocatoria de fondos europeos.
¿Qué ocurrió este jueves?
Alguien recordó que era jueves y se preguntó si podía haber una huelga. Pero no corresponde atribuir lo sucedido a una huelga sin confirmación. Lo que sí procede es preguntar a los responsables del servicio si hubo consultas suspendidas, por qué no se atendió a esos pacientes y si se les informó con antelación. Si existió una incidencia, debe explicarse; lo que no puede ser normal es trasladar sin más sus consecuencias al ciudadano.
Atender no siempre es cuidar
Son cada vez más frecuentes los testimonios de pacientes que sienten que su médico apenas los explora y que la consulta se resuelve con unas preguntas y una receta. Son relatos, no una evaluación general de los profesionales. Sabemos que muchos sanitarios trabajan bajo una presión asistencial extraordinaria. Precisamente por eso cabe preguntar qué modelo de atención queremos: escuchar, explorar cuando corresponde y cuidar no deberían ser lujos.
Hablamos de personas que han trabajado, cotizado y pagado impuestos durante décadas. No solicitan privilegios: esperan profesionalidad, respeto y sensibilidad cuando más necesitan el sistema público.
Los mayores en el cartel electoral
En campaña, nuestros mayores son «una prioridad», «nuestra memoria» y «lo más importante». Llegan las visitas, los apretones de manos y las fotografías.
Una maravilla!!!
Luego aparece Jesús, que ha pagado a alguien para atender a su esposa y ha cambiado sus planes familiares para acudir al médico, y todo ese entusiasmo institucional parece esfumarse.
Quizá nuestros mayores sean una prioridad, pero solo de cara al cartel electoral. Cuidarlos también significa respetar su tiempo y comprender que una simple cita requiere, a veces, una complicada organización familiar.
La Alameda: más preguntas pendientes
También merece un artículo propio el espacio ajardinado situado sobre el Centro de Salud de La Alameda. Vecinos del entorno señalan que lleva alrededor de un año sin poder disfrutarse con normalidad y reclaman explicaciones sobre su mantenimiento.
Asimismo, habrá que comprobar el alcance, origen y reparación de las filtraciones de agua que se denuncian cuando llueve. Inaugurar espacios públicos luce en las fotografías; conservarlos exige trabajo menos vistoso.
Jaén y el arte de acostumbrarse
Mientras tanto, buena parte del debate local parece consumirse en el combate diario entre PP y PSOE, y en la disputa de sus respectivos altavoces. Se cruzan reproches, pero no siempre llegan las respuestas a los problemas cotidianos.
Quizá lo más preocupante no sea que fallen los servicios, sino que terminemos resignándonos a que funcionen a medias.
No sabemos todavía qué ocurrió exactamente a las 16:00 de este jueves en el centro. Sí sabemos lo que nos han contado quienes acudieron y no obtuvieron la atención que esperaban.
Merecen una explicación contrastable, no otra fotografía de campaña.
Después de toda una vida pagando impuestos, lo mínimo que debería encontrar un mayor es una puerta abierta. Y, si no puede estar abierta, alguien que le explique por qué.
Gracias a la Redacción de JAENEA360 por publicar mi "denuncia".
