Jaén revive un siglo de historia en la procesión extraordinaria de la Buena Muerte
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Jaén revive un siglo de historia en la procesión extraordinaria de la Buena Muerte

5 de October, 2026

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​JAÉN.— La capital del Santo Reino escribió ayer una nueva y brillante página en su historia cofrade. Con motivo del primer centenario de su fundación como hermandad de pasión, la Cofradía de la Buena Muerte realizó una procesión extraordinaria desde la Santa Iglesia Catedral hasta la Basílica de San Ildefonso, dejando estampas imborrables y un emotivo encuentro con la patrona de Jaén, la Santísima Virgen de la Capilla.

​El cortejo partió majestuoso desde las naves catedralicias, escenario que ha sido la sede histórica y espiritual de la corporación. Cientos de devotos, hermanos y vecinos se congregaron para contemplar la salida de la procesión, caracterizada desde sus orígenes por la seriedad, el rigor litúrgico y el señorío que la identifican como una de las corporaciones con mayor personalidad de la Semana Santa jiennense.

​Cien años de fe penitencial

​Para comprender el calado de este aniversario, es necesario remontarse a las raíces de la hermandad. La devoción al Señor de la Buena Muerte comenzó a mediados del siglo XVIII en el desaparecido convento de La Merced. Aquella primigenia cofradía de gloria procesionaba una imagen atribuida al imaginero granadino José de Mora —traída a Jaén en 1726 por la familia Mírez— que representaba a Cristo recogiendo sus vestiduras tras la flagelación. Por contar con un altar privilegiado de difuntos, la imagen adquirió gran fervor popular como «Abogado de la Buena Muerte», destinada principalmente al sufragio de sus cofrades.

​A principios de los años veinte del siglo pasado, debilitada por el paso del tiempo, la corporación sobrevivía gracias al tesón de unas pocas familias. Fue en 1926 cuando un grupo de ilusionados cofrades, capitaneados por Manuel Cañones de Quesada, impulsó la refundación de la hermandad para transformarla en una cofradía de pasión.

​Para ello, encargaron la soberbia imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte al insigne escultor iliturgitano Jacinto Higueras Fuentes. Además, tras establecer su sede en la Catedral, el Excmo. Cabildo Catedralicio cedió la talla de Nuestra Señora de las Angustias, procedente del extinguido convento de los Carmelitas Descalzos.

La iconografía del misterio se completó en 1930 con la incorporación del San Juan Evangelista, realizado por el escultor valenciano Francisco de Pablo. Desde su primera estación de penitencia en 1927, la hermandad actuó como un verdadero motor de revitalización para la Semana Santa local, introduciendo un nivel de belleza, brillantez e iniciativas hasta entonces inéditas.

​El esperado encuentro en San Ildefonso

​El momento cumbre de la jornada extraordinaria vivida ayer tuvo lugar al alcanzar la Basílica de San Ildefonso. En un ambiente cargado de respeto y recogimiento, la cofradía —que desde 1986 ostenta también el título de Hermandad Sacramental— fue recibida en el templo parroquial para rendir pleitesía a la Virgen de la Capilla, Patrona y Alcaldesa Mayor de la ciudad.

​Frente a frente, la sobriedad catedralicia de la Buena Muerte y la profunda devoción mariana de San Ildefonso se fundieron en una oración compartida. Las miradas de los presentes atestiguaron la emoción de un hito que no solo conmemora cien años de historia pasionista, sino que reafirma el legado de una devoción tres veces centenaria en el corazón de Jaén.

Redacción J360+

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