Hay ironías históricas que duelen con la fuerza de un portazo. Jaén, la histórica llave de Andalucía y el nudo ferroviario que durante décadas articuló el paso entre el sur y el centro de la Península, ha visto circular este sábado su último tren directo a Madrid.
La decisión de Renfe de suspender totalmente las conexiones por unas obras en la red que se prolongarán durante al menos un año no es un simple contratiempo logístico: es el colofón a tres décadas de un desmantelamiento progresivo, silencioso y sangrante.
La estampa roza el esperpento en pleno siglo XXI.
Para viajar a la capital de España, los jiennenses se ven abocados a una odisea de transbordos masivos por carretera, combinando un servicio insólito de taxis hasta apeaderos, autobuses interurbanos y trenes en provincias limítrofes. Hasta tres medios de transporte para completar un trayecto que debería ser directo. De la noche a la mañana, una provincia entera queda virtualmente fuera del mapa ferroviario, arrastrando además la suspensión del transporte de mercancías por vía férrea y asestando un golpe demoledor a la economía local.
La concentración ciudadana en la emblemática estación de Linares-Baeza no ha sido un arrebato puntual, sino el clamor de un territorio exhausto. La presencia de alcaldes y vecinos de municipios andaluces y castellanomanchegos —como Linares, Guadix o Almuradiel— evidencia que el aislamiento no entiende de fronteras administrativas.
La provincia ha perdido el 90% de sus conexiones en los últimos treinta años. Lo de hoy es el desenlace anunciado de un deterioro paulatino: la línea Jaén-Cádiz ya funcionaba a medio gas con tramos en autobús tras las borrascas de principios de año, y ahora caen los últimos reductos directos hacia Madrid.
Ninguna modernización ni obra de infraestructura justifica dejar a toda una provincia incomunicada por vía férrea. Obligar a los ciudadanos a un peregrinaje de transfers y carreteras para salir de su propia región es un agravio difícil de digerir. Jaén no reclama privilegios inalcanzables; exige la dignidad básica de no ser relegada a la irrelevancia geográfica.
Apagar los raíles del antiguo motor ferroviario andaluz es ratificar, por la vía de los hechos, la existencia de una España a dos velocidades.
Redacción Jaenea360.
